De fondo oscuro,
infinitamente limitado
al lugar que habito
De celdas alzadas
por manos
de pies
de piso
sujetos al retorno cíclico
y acíclico del recuerdo.
Unidas por los invisibles,
merodeadores entusiastas
de la intranquilidad,
vestidos de todos los miedos,
que mudan como piel sus prendas
para usarlas nuevamente.
Confinado huyo
de la intemperie,
aunque nunca me libero,
tampoco me levanto del suelo,
y mi poco brillo pesimista
ni ilumina el encierro.
¿Ésta pálida vela
por cuanto tiempo más
alumbrará?
Hoguera fue
y ahora que la ceniza,
guarde la tibieza
del templo,
del castillo,
de la casa,
de la cama,
de la almohada,
de tus labios,
cuando se juntaron
con mis ojos
y mis ojos con tu frente
y tu frente con mis labios
El bello sigue brotando
en cada poro que fue tuyo
impulsados por tu alusión
Espero la nueva llamarada,
combustionada por esta barba,
arrastrada desde el poro,
para olvidar la tibieza,
olvidar el recuerdo,
sacar tus cenizas de esta celda
y sujetarme nuevamente
a este encierro